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Las azafatas de la VDNJ
Las azafatas de la VDNJ

La VDNJ (Exposición de los Logros de la Economía Nacional) fue durante décadas el escaparate más importante de la Unión Soviética. Detrás de sus imponentes pabellones y fuentes monumentales, un ejército de mujeres jóvenes desempeñó un papel crucial como guías, azafatas e intérpretes, encargadas de encarnar la imagen de prosperidad y hospitalidad que el Estado quería proyectar.

Inaugurada en 1939 en Moscú, la VDNJ no era solo un recinto ferial, sino un vasto parque de 136 hectáreas concebido como un “templo” laico donde se exhibían los éxitos de la agricultura, la industria y la ciencia soviética. En este contexto, las azafatas y guías no eran simples empleadas: eran la cara visible de un sistema que pretendía demostrar su superioridad a millones de visitantes llegados de toda la URSS.

Selección y apariencia: el ideal soviético

Aunque la documentación específica sobre el proceso de selección de las azafatas de la VDNJ en las décadas de 1950 y 1960 es limitada, las crónicas de la época y las fotografías conservadas revelan un patrón claro. Las jóvenes seleccionadas para atender los pabellones y recibir a las delegaciones debían cumplir con ciertos cánones estéticos y de conducta. Se buscaba una imagen de salud, juventud y simpatía que encajara con el ideal de la mujer soviética trabajadora y alegre.

Las azafatas vestían uniformes impecables, a menudo inspirados en trajes regionales o en el estilo sobrio de la moda de la época, y lucían peinados cuidados. Su presencia tenía una función diplomática y propagandística: debían causar una impresión favorable en los visitantes extranjeros y en los ciudadanos de las repúblicas soviéticas, demostrando que el país contaba con personal cualificado y culturalmente preparado.

Funciones más allá de la bienvenida

El trabajo de estas mujeres iba mucho más allá de entregar folletos o señalar direcciones. En un recinto tan vasto como la VDNJ, las guías debían conocer al detalle las exposiciones de los pabellones que tenían asignados, desde los avances en maquinaria agrícola hasta los logros del programa espacial.

Su labor incluía:

  • Atención a delegaciones: Recibían a grupos de trabajadores destacados (los udarniki), campesinos de granjas colectivas y visitantes internacionales, adaptando su discurso según el perfil del público.
  • Interpretación y traducción: En el contexto de la Guerra Fría, la VDNJ recibía visitas de extranjeros. Algunas azafatas contaban con conocimientos de idiomas para facilitar la comunicación, aunque muchas veces el contacto se limitaba a sonrisas y gestos cuidadosamente ensayados.
  • Control del recorrido: Guiaban a los visitantes a través de un itinerario diseñado para maximizar el impacto emocional, asegurándose de que pasaran por los pabellones más impresionantes y las fuentes ornamentales, como la célebre “Amistad de los Pueblos”.

El caso de la película y el mito

El papel de estas mujeres quedó inmortalizado en la cultura popular soviética. En 1941, el director Iván Píriev rodó la comedia La porquera y el pastor (Svinarka i pastuj), una historia de amor entre una campesina rusa y un pastor daguestaní que se conocen precisamente en la VDNJ. La película, rodada en los pabellones de la exposición, presentaba a la VDNJ como un lugar de encuentro idílico y de armonía entre los pueblos, y contribuyó a mitificar la figura de las jóvenes trabajadoras que allí laboraban.

Un símbolo en tiempos de cambio

Con la disolución de la URSS, la VDNJ perdió su esplendor y muchas de sus trabajadoras se dispersaron. Los pabellones se convirtieron en almacenes o mercados, y la figura de la azafata uniformada desapareció durante décadas.

Sin embargo, la restauración iniciada en 2014 por el gobierno de Moscú ha recuperado parte de aquel espíritu. Hoy, en la VDNJ renovada, es posible encontrar de nuevo a guías y anfitrionas que, con uniformes modernos, realizan una función similar a la de sus predecesoras soviéticas: recibir a los millones de visitantes que recorren el parque, ahora convertido en un gran centro de exposiciones y ocio. Aunque el contexto político ha cambiado radicalmente, la esencia de su trabajo —ser el primer contacto humano con un espacio monumental— permanece intacta.